05-09-2010
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El fin de la obsesión (o no)

Publicado: 25-05-10
Alexander Rakitin | 2º PER

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>> María Serrano (2ºPER) no está de acuerdo

Terminó LOST. Por suerte para unos, por desgracia para otros. La serie con más fans en Internet, una de las más adictivas de los últimos años -si no la que más-, la que la madrugada del lunes mantuvo pegadas a sus sillones a millones de personas de 59 países de todo el mundo, terminó. Aunque muchos se resistan a aceptarlo.

Terminó y con muchísima dificultad aparté la vista de la pantalla. Estaba sentado en la primera fila, y me giré sin moverme casi. No quería moverme, pero necesitaba ver la cara de mis amigos. Uno se había quedado con la cabeza apoyada entre las manos y seguía mirando la tele, que ahora ya solo mostraba los créditos. Otro miraba para abajo, tratando de asimilar. Una chica sentada detrás de mí, un poco a la derecha, no hizo nada. Solo movió los labios en silencio, preguntándole a la tele qué acababa de pasar.

Todos queríamos preguntar qué había pasado, qué significaba aquello. Todos los que habíamos pasado la noche en vela viendo los últimos capítulos de LOST teníamos esa pregunta en mente, y nos moríamos por sacárnosla de encima. Lo malo es que necesitábamos que nos la contestase alguien que supiese, alguien que de verdad pudiese darle algo de sentido a toda aquella locura. Uno de los creadores de la serie, quizás.

Me levanté confuso del sillón, y en la penumbra de la habitación pregunté a la gente si alguien quería venir a desayunar. "Sí", tres o cuatro se levantaron. Los otros los imitaron un poco después. Durante los veinte minutos que estuvimos tomando café y tostadas no dijimos casi nada. Solo dos o tres trataban de entender mínimamente algo del capítulo final lanzando al aire comentarios y preguntas que los demás no contestábamos porque no podíamos. No sabíamos. No, no dijimos casi nada. Nos limitamos a lanzarnos miradas fugaces, como con miedo a que el otro nos descubriese preguntando con los ojos. Pero cuando terminamos, la gente no aguantó más y explotó: de repente todos preguntaron, se quejaron, alguno lloró, quién sabe si de tristeza o de alivio. Otros pararon la intensa cadena de pensamientos sin sentido que el final de PERDIDOS había desatado en su interior e hicieron como tantos otros seguidores de todo el mundo: dieron rienda suelta a sus sentimientos:

"Pero al final, ¿Quién es Jacob? ¿Y su hermano? ¿Quién de los dos es el Bien y quién el Mal? Y los números, ¿Qué son los números? ¿Por qué Hurley ve a los muertos, por qué Miles es capaz de leer el último pensamiento de los difuntos y por qué Desmond puede conectar y relacionar pasado, presente y futuro? ¿A qué vienen todos estos poderes, para qué sirven?"

Según los creadores de la serie el final no iba a contestar a todas las preguntas e interrogantes abiertos. "Sería muy pedante" fueron sus palabras unas semanas antes del estreno del desenlace (si alguno de ustedes acaba de pensar "¡Pero si dijeron hace mucho que no nos preocupáramos porque no iban a dejar cabos sueltos!" entonces tiene una memoria privilegiada, porque efectivamente, eso afirmaron en septiembre del año pasado).

No iban a contestar a todo, de acuerdo, pero ni siquiera resolvieron las preguntas más importantes, aquellas por las que la gran mayoría de los fans fue fiel a LOST hasta el final. A pesar del "sería muy pedante" muchos de los seguidores guardábamos en el fondo del alma la esperanza de que Lindelof y compañía nos ilustrasen, y nos sacasen del enorme caos en el que nos habían metido como si fuésemos un Jack o una Kate más. Esperábamos respuestas que resolviesen el asunto. Esperábamos un final grande de una serie grande. Esperábamos más.

Me duele muchísimo admitirlo, pero creo que estábamos equivocados. LOST no se puede enfocar así. No se puede concebir como una serie cualquiera, no es una historia lineal. No hay un inicio y después un final. Los que pretendían que el último capítulo fuese una especie de lista en la que viniesen numeradas y por orden todas las respuestas a las preguntas abiertas se equivocaron.

Por más que nos cueste, hay que valorar la serie por lo que nos hizo pasar. Durante estas seis temporadas vimos cómo los personajes llegaban a la Isla, cómo crecían y convivían juntos. Fuimos testigos de sus sentimientos, de su forma de entender la vida, cada cual a su manera. Creímos en PERDIDOS, la disfrutamos como nunca antes habíamos disfrutado una serie. Y al final de cada episodio siempre esperamos con ansia el estreno del siguiente. Esto es lo que nos tiene que quedar. Nuestro personaje favorito, el mejor capítulo, nuestra forma personal de entender LOST, y no el recuerdo de las infinitas preguntas sin respuesta que nos dejaron. Es difícil, pero al parecer y por decisión de los padres de la serie, no tenemos otra.

Con esto no pretendo justificar a los creadores, ni mucho menos. De hecho yo fui el primero en pensar que una vez abiertos todos esos interrogantes había que cerrarlos: "No son buenos guionistas porque no le dieron a su obra un final igual de bueno que todo lo anterior. Si creás algo grande, no arruines todo el trabajo al final. Porque entonces esa obra deja de ser grande. Y tu trabajo, también". Todavía me resisto a dejar de lado este convencimiento. Y conmigo, muchos otros seguidores. Pero hasta que entendamos. Los creadores de la serie dijeron que a nos costaría "unos meses" asimilar el final. Y que se lo agradeceríamos una vez que lo hubiésemos hecho. Confiemos. Pero hasta entonces no me abandonará un molesto sentimiento de frustración y rabia.

Por ahora debemos conformarnos con lo que tenemos, porque quién sabe, tal vez no haya sido un final tan malo después de todo. Probablemente no nos haga falta saber qué es la Isla y por qué tiene los poderes que tiene. Si llegamos a una conclusión, si supimos ver más allá de una isla perdida y un avión estrellado, entonces nos podemos considerar afortunados, porque LOST nos habrá servido de mucho. Habrá sido y será por siempre una partecita especial en nuestras vidas.  

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